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Alejandro Dumas

(Francia 1802-1870)

Novelista y dramaturgo. Escritor prolífico con cerca de 1200 obras publicadas bajo su nombre, y aunque algunas tienen dudosa titularidad, en todas se respira su estilo y no le ha restado fama universal.

Autor de las muy reconocidas  Los tres mosqueteros y El conde de Montecristo. Había recibido una escasa educación formal, pero leía con voracidad, sobre todo historias de aventuras y asistía a las representaciones de una compañía inglesa donde comenzó a escribir obras de teatro.

Creó una inmensa fortuna con sus publicaciones, a pesar de lo cual llegó al final de su vida en plena bancarrota, en gran parte por mantener un alto tren de vida, fracasadas empresas y el mantenimiento de numerosas amantes.


 
  • El desconocido siguió a maese Soleil con la vista hasta que la puerta se cerró detrás de él, y entonces, asegurándose que estaba bien solo con Étienne Lathil: –Y ahora –dijo– que sabéis que el asunto no es con un campesino, ¿estáis dispuesto, mi querido Señor, a ayudar a un caballero generoso a desembarazarse de un rival que lo inoportuna? –A menudo me vienen a hacer ofrecimientos parecidos y raramente los rechazo. Pero, antes de seguir más lejos, me parece que sería bueno haceros conocer mis precios. –Los conozco: diez pistolas por servir de segundo en un duelo ordinario, veinticinco pistolas por un desafío directo bajo un pretexto cualquiera cuando la parte interesada no se bate, y cien pistolas por buscar una querella que provoque un encuentro inmediato con una persona embozada, la que debe morir en el lugar.

    Lo que sucedió con la propuesta hecha por el desconocido...

  • El 24 de febrero de 1815, el vigía de Nuestra Señora de la Guarda dio la señal de que se hallaba a la vista el bergantín El Faraón procedente de Esmirna, Trieste y Nápoles. Como suele hacerse en tales casos, salió inmediatamente en su busca un práctico, que pasó por delante del castillo de If y subió a bordo del buque entre la isla de Rión y el cabo Mongión. En un instante, y también como de costumbre, se llenó de curiosos la plataforma del castillo de San Juan, porque en Marsella se daba gran importancia a la llegada de un buque y sobre todo si le sucedía lo que al Faraón, cuyo casco había salido de los astilleros de la antigua Focia y pertenecía a un naviero de la ciudad.

    Marsella. La llegada


 
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