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    Gertrudis Gómez de Avellaneda

    (Cuba, 1814-1873)

    Nacida en la colonia española de Cuba, aunque el cúmulo de su obra es mayormente de creación europea. Considerada en su época como una de las más interesantes exponentes del romanticismo.

    Tuvo una vida tranquila en lo económico, pero intensamente apasionada en lo personal y amoroso. Sus peculiares circunstancias geográficas, su carácter ardiente y su más que reconocida rebeldía la enfrentaron a los convencionalismos sociales de su tiempo.

    No dejó de vivir de acuerdo a sus propias convicciones, y escribió prolíficamente, desde poesía (entre los que Al Partir es de sus más reconocidos versos) hasta novelas como Sab o Guatimozín, último emperador de Méjico.

    Murió en Sevilla a los 58 años de edad.


     
    • Anoche te escribí y rompí la carta; esta noche te escribo también; pero salga como quiera no la romperé. Resígnate. Mis nervios siguen en su agitación y no me dejan dormir, sin embargo no me hallo mal; casi estoy contenta. He pasado más de tres horas a tu lado y aunque no hayas estado muy afectuoso, tampoco has dicho de esas palabras tuyas, que alarman a mi vivísima susceptibilidad. Te escribo, pues, en primer lugar, porque te quiero esta noche casi tanto como antes de la maldita noche de mi dolor de estómago; y en segundo lugar, porque se me ocurre decirte dos palabras sobre una que te he oído y que te rebatí. Dijiste que deseabas hablar de mí con Tassara. Escucha: yo no temo que hables de mí con Tassara, porque yo te he dicho más de lo que por él puedes saber; esto es, no es porque recele que le oigas nada en mi daño el haberte suplicado que no me nombres a él. He sido su amiga y si él es caballero, como creo, no puede hablarte mal de mí, por orgullo al menos. Si no es caballero, si me tiene mala voluntad, si su franqueza contigo es mayor que con otros de sus amigos, te dirá que soy un carácter voluble, inconsecuente ligero, que no tengo corazón, que he querido hacer con él una comedia, etc.; pero aún cuando tenga de mí el peor concepto posible, y sea capaz de expresarlo, es bien cierta, que no puede decirte cosa más grave, que lo que por mí misma sabes; esto es, que lo he querido: esto no te lo dirá, porque él no lo sabe tanto como yo, y tú por mí.

      Carta 39


     
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