Usted puede registrarse si aún no es un miembro de EL BARCO EBRIO, o identificarse, si ya posee una cuenta.
Lo sentimos pero no se permite el registro público en este sitio. Ud debe ser invitado por otro miembro o solicitar una invitación por email.
Al Viejo Guerrillero lo habÃan consumido dos fantasÃas. La segunda –épica a morirse–, por orden de jerarquÃas, era la revolución. Una revolución que incendiara, sino al mundo, por lo menos a parte del continente. Del Bravo a la Patagonia, se conformaba. La primera, más personal y febril, consistÃa en acostarse con dos mujeres. Por eso estaba aquÃ, ahora, por sus dos fantasÃas. Un hombre sin fantasÃas no existe, pensaba el Viejo Guerrillero en otro tiempo. Si un hombre pierde el sentido de incluirse en lo imposible está liquidado. Los problemas comienzan cuando el mismo hombre trata de convertir lo sobredimensionado en realidad. La segunda de sus fantasÃas –épica a morirse– lo habÃa convertido en manco de ambas manos, y dejado varado en la Isla de eterno paniaguado y si bien esta fantasÃa era el sueño de otros, nunca nadie la habÃa rozado siquiera y la hora del incendio se posponÃa y se posponÃa… al punto en que convertido en baldado guerrillero de la vida, le habÃa perdido el entusiasmo. En la primera, la febril, estaba embarcado.