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Hollywood a la caza de El Zorro

Este artículo es el primero de una serie que formará parte de un libro de título homónimo.

La figura de El Zorro enmascarado, surgida de la literatura norteamericana de los pulp novels en 1919[1], llegó a ser medio siglo después de su aparición literaria uno de los principales mitos del cine de Hollywood. Con más de cuarenta versiones cinematográficas y ganancias multimillonarias en las taquillas, El Zorro devino en el transcurso del siglo XX en uno de los héroes más proteicos y de larga supervivencia en las pantallas, hasta llegar a convertirse en un verdadero icono del cine europeo, norteamericano e hispano americano. En particular, el filme silente The Mark of the Zorro (1920), del director Fred Niblo, dio inicio al modelaje –más que en ningún otro filme– de la figura del héroe enmascarado en el área española de California, un territorio de población mixta en permanente disputa por España, México y Estados Unidos en la primera mitad del siglo XIX. El filme The Mark of the Zorro de Niblo, creó a su vez una saga de filmes de igual título en tres épocas diferentes de la historia del cine: Fred Niblo (1920) como pionero en el cine silente; seguido de Rouben Mamoulian (1940) en el cine sonoro y Don McDougall (1974), como el iniciador de El Zorro en la TV en colores[2]. En las versiones fílmicas de los tres directores se ponen de manifiesto similitudes y diferencias impuestas por la industria cinematográfica de Hollywood que, a la postre, establecerían el canon definitivo de El Zorro por más de medio siglo.

El origen de la serie de películas The Mark of Zorro está basado en una novela de folletín escrita por Johnston McCulley en 1919 con el título “La maldición de Capistrano” para la revista All-Story Weekly. Fue inicialmente adaptada al cine (1920) como el primer filme facturado por United Artists, una compañía que contaba entre sus directivos a los actores Douglas Fairbanks, Mary Pickford, Charles Chaplin y al director D. W. Griffith. El interés del público fue tanto que McCulley, por imperativo del mercado, escribió a partir de 1922 otras sesenta historias. El desmesurado crecimiento ficticio de El Zorro salido de la pluma de McCulley hizo que el origen histórico del personaje se difuminara entre las diferentes versiones y se le hiciera cada vez más difícil a los historiadores y a los críticos del presente establecer su verdadera identidad, que tan pronto pudo haber estado inspirada en historias de bandidos de California como Joaquín Murieta, Salomón Pico o Tiburcio Vázquez, en las vidas de héroes foráneos como Robin Hood, o en la figura central de la novela “La pimpinela escarlata”, de Emma Orczy de Orcz, autora inglesa de origen húngaro[3].

Con la publicación de “La maldición de Capistrano” (1919), Johnston McCulley delineó el devenir del personaje a través de una secuela de novelas cuyas tramas transcurren en Los Angeles durante el gobierno mexicano (1821-1848) –no durante la dominación española. La línea trazada por McCulley de desarrollo cronológico progresivo de El Zorro ha sido objeto de ruptura en la actualidad al optar otros autores por el lado opuesto del discurso cronológico lineal, en lugar de continuar con la proyección futura del héroe, han elegido remitirse a los antecedentes y escribir precuelas que, como en las operaciones matemáticas, agregan o sustraen partes de la información existente sobre el origen de El Zorro. Una reciente y atractiva “retro mirada” dirigida hacia el origen histórico del personaje aparece en la novela El Zorro: comienza la leyenda, de la escritora chilena Isabel Allende. La nueva versión está concebida dentro de los parámetros que corresponden a una biografía ficticia, y es una de las primeras obras en abordar como problema no resuelto los orígenes del héroe[4]. El rasgo esencial aparece en el cambio de etnicidad de El Zorro, de español a mestizo. Entre la primera versión de El Zorro escrita por McCulley en 1919 y la escrita por Isabel Allende en 2005, se establece un interesante contrapunto. La fecha de nacimiento de El Zorro, en McCulley, es 1782 y la madre es una mujer española de nombre Chiquita de la Cruz. En la novela de Allende, la fecha de nacimiento es 1790, el lugar Alta California, el padre es un capitán asturiano y la madre una guerrera india llamada Toypurnia. En la novela de Isabel Allende, la mirada “retro” de la autora hacia el personaje enmascarado es propia de las obras de ficción que tienen un desarrollo cronológico prolongado[5]. En este caso, el salto temporal realizado en la ficción es digno de mencionarse. En el texto se sustenta el remoto nacimiento de El Zorro hacia 1790, en Alta California, luego, en algún momento de la narración, se produce el cambio vertiginoso de época, doscientos años de un salto, y se incluye una referencia al filme realizado en Hollywood sobre El Zorro en 1988, dirigido por Martin Campbell, con la actuación de Antonio Banderas, Anthony Hopkins y Catherine Zeta-Jones. La escritora Isabel Allende, además, suma dentro de la trama, con un sentido lúdico y posmoderno, junto a los tradicionales personajes ficticios del sordomudo Bernardo y el sargento García, una galería de figuras históricas como la escritora francesa George Sand, quien aparece en la ficción como una devota admiradora de Don Diego-Zorro; el pirata Jean Lafitte, que mantiene prisionero a El Zorro en los bayous de la Louisiana y Marie Laveau, la reina del vudú de New Orleans, que acompaña a Don Diego-Zorro en el cautiverio[6].

THE MARK OF ZORRO (1920)

El filme de Fred Niblo tiene una duración de noventa minutos. El rol del Zorro estuvo a cargo de Douglas Fairbanks, un actor del género de la comedia que se insertó en el género de aventuras y actuó en Los tres mosqueteros (1921), Robin Hood (1922) y El ladrón de Bagdad (1924). Douglas Fairbanks impuso en la versión silente de El Zorro una caracterización icónica que, con ligeras variantes, se reproduciría en decenas de filmes posteriores: una personalidad masculina ambigua, a la luz del día y del medio social de clase alta de origen hispano en el que se mueve parece débil, tímido, un poco afeminado, mientras en la oscuridad de la noche se transforma en un ser errante, corajudo y solitario que oculta su identidad tras de una máscara[7]. Junto a la máscara negra aparecerán otros elementos icónicos que se repetirán en filmes posteriores: el uso de un pañuelo blanco y de sales que le provocan ataques de estornudos al Zorro diurno (Don Diego de la Vega) mientras que El Zorro nocturno aparece con un sombrero redondo de color negro, espada, látigo, pistola y anda a caballo. Y no podía faltar el sello distintivo de El Zorro: el trazado de una equis con la punta de la espada en las paredes, en el forro de los asientos, en las barricas de vino o estampado en las mejillas, la frente o el trasero de sus enemigos.

La primera versión de El Zorro marcó la pauta no solo en los detalles de la vestimenta sino también en el contenido. La trama posee un cierto aire de comedia, está llena de peripecias de lo que por esa misma época se denominaba filmes de “capa y espada”. El contenido se resume en la existencia bipolar de Don Diego de la Vega, hijo de un rico hacendado californio que aparenta ser dócil y de físico y carácter débil, pero la simulación tiene por objetivo esconder a la figura de El Zorro, dedicado a proteger al pueblo de la ambición del gobernador Alvarado, el capitán Ramón y el sargento González. No podía faltar en el filme de “capa y espada” el toque romántico: el amor de Don Diego-Zorro por la bella Lolita Pulido[8] en disputa con el capitán Ramón, ni los duelos de espadachines cuidadosamente coreografiados en los cuales Douglas Fairbanks se luce como atleta, acróbata y jinete que le valieron el calificativo de “rey de Hollywood”. El final del filme, de carácter apoteósico, se mantendrá con ligeros cambios por medio siglo. La familia Pulido –incluida Lolita– es encarcelada. Don Diego-Zorro convence a los soldados y a los caballeros de origen hispano a ponerse de su parte, obliga al gobernador Alvarado a abdicar, vence en duelo al malvado capitán Ramón –no lo mata, detalle muy importante– y descubre ante todos, casi al final del filme, que Don Diego y Zorro son la misma persona. Con esta acción se gana el amor de Lolita y todo termina en un Happy End a lo cine de Hollywood: El Zorro se da un “baño de masas” al frente de una legión de caballeros hispanos propietarios de haciendas, rancheros mexicanos arruinados e indios sin tierra. Todos gritan al unísono: ¡Justicia para todos!

 

THE MARK OF ZORRO (1940)

La segunda puesta en pantalla de El Zorro estuvo a cargo del director de origen armenio Rouben Mamoulian. La carrera de Mamoulian en Hollywood fluctuaba entre el éxito y el fracaso, pero el intento de dirigir un nuevo filme de El Zorro para la 20th Century Fox en época del cine sonoro, lo redimió de pasadas frustraciones artísticas y resultó un éxito financiero hasta el punto de duplicar en taquillas el monto de un millón de dólares invertidos en la producción del filme. En parte el hecho se debió a la pericia estética demostrada por Mamoulian como director, en parte por contar en el rol de El Zorro con el actor Tyrone Power, un consumado espadachín en la vida real y con experiencia en el rol de personaje romántico. Por su formación artística europea, los filmes de Mamoulian se identifican por un gran cuidado en los encuadres y en el empleo del plano-secuencia, no por el uso de rápidos cortes propios de la técnica del montaje que caracterizan a El Zorro de Niblo en la versión silente de 1920. Mamoulian fue un innovador técnico que introdujo en los sets de filmación el uso de la cámara silente para que el ruido ambiental no interfiriera en los diálogos de los personajes, consecuentemente, el empleo del sonido en sus películas llegaba a bordear la perfección. Si comparamos ambos Zorros (1920-1940), en la versión de Mamoulian hay mucho interés en mostrar en detalles los antecedentes hispanos de El Zorro. Antes de ser “californio”, a El Zorro se le ve en Madrid como Don Diego Vega, un joven oficial que se entrena en la esgrima y la equitación, mientras que, en la versión de Niblo, la hispanidad se da a conocer rápidamente, como de pasada, con énfasis en la oralidad que subyace en los subtítulos de un filme silente. El Zorro, como tal, enmascarado y vestido de negro, aparece desde el principio en el filme de Niblo como un vengador solitario, al margen de cualquier grupo étnico o militar mientras que la versión de Mamoulian, realizada veinte años después, el director se regodea en detalles biográficos de su origen hispano en un momento de conflicto de la historia de España, caracterizado en la política por la presencia de las Cortes de Cádiz y su influencia marcadamente liberal en la nueva constitución española.

Otro detalle importante de la presencia de la hispanidad en la segunda versión de El Zorro es de carácter geográfico y puede sorprender a una parte del público no del todo familiarizado con la historia colonial del suroeste de Estados Unidos. El Zorro se traslada de España a California a principios del siglo XIX, en la parte final del viaje, se da como enteramente normal que entre en territorio norteamericano sin ningún tipo de conflicto migratorio o aduanal, pues California, qué duda cabe, en 1800, aún era parte como provincia de ultramar del Imperio Colonial Español. También se observan cambios en el vestuario, no en el de El Zorro que sigue de enmascarado sino en el de Don Diego de la Vega, su alter ego diurno. Desde la primera secuencia en California, aparece con pantalones ajustados con filigranas bordadas por todo el cuerpo, su apariencia ahora recuerda más a la de un torero que a la de un hacendado. El resto del filme de Mamoulian no se aleja de las características pautadas en la primera versión silente de Fred Niblo. Hay, sí, una mayor incidencia en los problemas sociales que posibilitan la existencia de un vengador errante y anónimo como El Zorro. Entre las injusticias sociales presentes como parte del legado de dominación colonial de España, sobresalen la explotación del pueblo a manos de los recaudadores de impuestos (el gobernador Don Luis Quintero y su asistente el capitán Esteban Pascual) y los castigos a latigazos de los que se resisten a pagarlos. También como parte negativa del legado colonial español, se advierten en el filme varias llamadas de atención hacia la doble moral religiosa católica que se pone de manifiesto en la secuencia de la singular seducción que realiza El Zorro de Lolita Quintero –la sobrina del alcalde– vestido de sacerdote, con el rostro cubierto con capucha de fraile mientras recita ambiguas frases de amor en tono de oración a la sorprendida joven. O el amago amoroso que Don Diego-Zorro realiza a la esposa del gobernador –esta vez vestido de civil– mientras paralela y claramente corteja en su presencia a Lolita la sobrina.

Otra diferencia notable entre ambas versiones fílmicas de El Zorro es una disminución en la cantidad de acrobacias, cabalgatas y duelos a espada en la segunda versión sonora en comparación con la primera versión silente, sin que por ello desaparezcan los elementos de gimnasta, jinete y espadachín que conformaron en el pasado el aura legendaria de “El Zorro” tanto en la interpretación del actor Douglas Fairbanks (1920) como en la de Tyrone Power (1940). Pareciera que el director Mamoulian hubiera aplicado una regla matemática: la mayor presencia en el tiempo en pantalla de los diálogos (oralidad del segundo Zorro) debía realizarse en detrimento de la belicosidad corporal (gestualidad del primer Zorro silente). El nuevo Zorro sonoro, sin dudas, se ha estilizado y vuelto convencional, ahora las peripecias forman parte de un repertorio de coreografías muy bien diseñadas en las que se aprecia el arte de un director de cine europeo trabajando para la industria peliculera de Hollywood. Tal vez el mejor ejemplo de los cambios introducidos entre la primera y la segunda versión es el duelo final entre El Zorro y el capitán Pascuale. En la versión silente de 1920, El Zorro sale vencedor, pero en gesto de hidalguía, le perdona la vida al enemigo. En la versión sonora de 1940, le atraviesa el corazón con la espada al capitán Pasquale, quien, al caer al suelo, descuelga de la pared un retrato y aparece la letra Z, la marca de El Zorro, con la que abre el filme como título y lo cierra como elocuente símbolo gráfico.

En el orden financiero, el filme de Rouben Mamoulian, segundo en el orden cronológico y primer Zorro sonoro en las pantallas, tuvo una buena aceptación en las taquillas: dos millones de dólares de ganancias. En el orden de mérito estético, de parte de la Academia de Hollywood, recibió un Oscar por la música y, en 2009, la Biblioteca del Congreso en Washington, decidió preservar el filme por tratarse de una obra “cultural, histórica y estética significativa”.

 

THE MARK OF ZORRO (1974)

La tercera versión supuso un cambio de importancia y varias repeticiones anecdóticas. El cambio cualitativo se produce por el empleo del color y haber sido planeada la película para formato de televisión que, como parte de la industria del entretenimiento, tenía a mediados de 1970 un amplio público. El filme dirigido por Don McDougall contó con un elenco estelar: Frank Langella, en el doble rol de Don Diego de la Vega-Zorro; Gilbert Roland, como Don Alejandro de la Vega; Ricardo Montalbán, como el capitán Esteban e Yvonne De Carlo, como Isabella Vega. Tanto el actor Gilbert Roland como Ricardo Montalban habían aparecido en 1957 en una célebre adaptación episódica de El Zorro realizada por los estudios de Walt Disney[9]. Sin embargo, pese a la presencia de superestrellas de la actuación, la tercera versión de The Mark of Zorro resulta en gran parte de su desarrollo un filme de fórmula, repetitivo, que no aporta nada nuevo o muy poco a lo dicho y hecho antes. A grandes rasgos, la nueva adaptación cinematográfica sigue casi al pie de la letra el guion de The Mark of Zorro (1940) de Rouben Mamoulian, hasta el punto de que emplea el mismo tema musical –con algunas ligeras incorporaciones– que le valiera al compositor Alfred Newman un Oscar en 1940. Los pocos cambios introducidos en el filme se refieren exclusivamente al tiempo en pantalla de la historia (screen time), en el que algunas escenas se han omitido y otras se han acortado.

La serie televisiva de el Zorro en colores también inaugura la era en Hollywood de actores de origen o de apariencia latina en el rol protagónico de El Zorro. En la actualidad, la lista sigue en aumento. A la interpretación de El Zorro del actor de origen italiano Frank Langella en el filme de McDougall[10], debe sumarse la más reciente, a mediados de la década de 1980, del actor español Antonio Banderas[11]. Y en otras latitudes no hollywoodenses, la del famoso actor francés Alain Delon.[12]. Como uno de los aportes más relevantes de la tercera versión bajo la dirección de McDougall, queda el hecho de que los espectadores ven la capa, el sombrero, el traje y el antifaz de El Zorro con la nueva óptica del empleo del color negro más brillante y la presencia de actores de origen latino[13]. Otro tanto sucede con otro elemento icónico de las diferentes versiones: el caballo de El Zorro. En la primera versión silente de Fred Niblo (1920) aún no se le había asignado un nombre y podría pensarse humorísticamente que la razón de la existencia de un caballo anónimo en un filme silente es obvia: ¿a quién le puede preocupar la pronunciación del nombre correcto de un caballo en una época en la cual el cine carece del recurso técnico del empleo del sonido? En la segunda versión sonora de Rouben Mamoulian (1940), al caballo de El Zorro se le bautiza como Tornado y es de color negro. Y todavía más sorprendentemente resulta el hecho de que en la tercera versión para TV en colores de Don McDougall (1974), se le llama Fantasma y, como podrá suponerse, el color del caballo cambia de negro a blanco en una clara alusión al don de la invisibilidad y quién sabe si también se trata de imprimir al caballo un tinte ideológico racista.

Pese a los cambios introducidos, la tercera versión de The Mark of Zorro no cuenta con otros méritos artísticos que haber sido el primer asomo de El Zorro en la pantalla chica de la televisión. Sin embargo, la ausencia de mérito estético se vio bien recompensada en el plano financiero. Al pasar de ser un filme de duración promedio de noventa minutos a una serie de cine de varios capítulos de duración, El Zorro entra por la puerta grande en el mundo de la industria del entretenimiento contemporáneo. La amplia clientela ganada permitió que, en las siguientes décadas del siglo XX, desde distintos ámbitos de los mass media, se produjeran seis seriales fílmicos, doce de televisión, seis versiones de radio, quince de teatro, decenas de comics y siete videojuegos. También es necesario indicar las visibles influencias creadas por el personaje de El Zorro en otros héroes de la pantalla como El Llanero Solitario, de George W. Trendle; Batman, de Bob Kane, y la singular recreación que de El Zorro hizo el actor español Antonio Banderas bajo la dirección de Martin Campbell teniendo de contrafiguras a los actores Anthony Hopkins y Catherine Zeta-Jones.

Mención aparte merece el interés que el Zorro ha despertado en otras filmografías. En México, España e Italia ha sido presencia obligada en docenas de películas que copian sus características a través de personajes con nombres cambiados, pero de iguales atributos físicos y sicológicos: el vengador errante y solitario atrapado entre dos culturas (española y mexicana) que, pese a ser de origen privilegiado, quiere servir a la causa de los pobres. Solo en Italia, por ejemplo, en el medio siglo que va de 1926-1976 se han producido treinta filmes que aluden a la figura de El Zorro. Pero, insistimos, si se quiere hablar del verdadero Zorro, el más apegado a la serie de novelas escritas por Johnston McCulley en 1919 con el título común “La maldición de Capistrano”, necesariamente, habrá que hacer referencia a los filmes con el título común The Mark of Zorro puestos en circulación en las pantallas por más de medio siglo por Fred Niblo (1920) en el cine silente, Rouben Mamoulian (1940) en el cine sonoro y Don McDougall (1974) en la televisión a color.

 

BIBLIOGRAFIA

Allende, Isabel. El Zorro: Comienza la leyenda. New York: Harper Collins, 2005.

Boessenecker, John. Bandido. The Life and Times of Tiburcio Vázquez. Norman: University of Oklahoma  Press, 2010.

Brownlow, Kevin. The Parade’s Gone By. New York: Alfred A. Knopf Inc, 1968.

Brownlow, Kevin. The Pioneers. London: William Collins Sons And Co. Ltd, 1979.

Everson, William. American Silent Film. New York: Da Capo Press, 1998.

Gavaler, Chris. On the Origins of Superheroes. Iowa City: University of Iowa Press, 2015.

Hobsbawn, Eric. Bandits. New York: The New Press, 2000. Hoppenstand, Gary. Pulp Fiction of The 1920’s and 1930’s. Hackensack: Salem Press, 2013.

Neruda, Pablo. Fulgor y muerte de Joaquín Murieta. Santiago de Chile: Zig-Zag, 1966.

Paredes, Américo. With His Pistol in His Hand. Austin: University of Texas Press, 1958.

Rolling Ridges, John. The Life and Adventures of Joaquín Murieta. Norman: University of Oklahoma Press, 1977.

 

NOTAS

[1] En el blog The Pulp.Net, de fecha 26 de marzo de 2013, aparece el artículo “The Other Pulp Characters of Johnston McCulley”, del autor Michael R. Brown. En el mismo se ofrece información sobre los diferentes héroes creados por McCulley en su abundante producción de novelas del tipo “pulp fiction”. En particular, nos interesa la primera edición de “The curse of Capistrano”, del 9 de agosto de 1919, aparecida en el magazine All-Story Weekly durante cinco semanas consecutivas por ser ella donde tuvo lugar el nacimiento de El Zorro como personaje literario con inmediato éxito entre los lectores. El primer sorprendido por la popularidad del personaje fue el autor. Johnston McCulley nunca creyó que el héroe enmascarado deviniera una leyenda literaria y cinematográfica. Los “pulp fictions” como en el que apareció la novela de McCulley en 1919 comenzaron hacia 1896 y se mantuvieron en el candelero del interés de los lectores hasta 1950’s. Su extensión promedio no sobrepasaba las 120 páginas. A los actuales héroes de los comic books se les considera descendientes de los héroes de los pulp fictions de principios del siglo XX. Entre ellos –enmascarados o no– sobresalen The Shadow, Doc Savage y The Phantom.

[2] En el blog Movies Silently, de fecha 15 de abril de 2013, el autor Fritzi Kramer, ofrece una comparación entre las dos primeras versiones de The Mark of Zorro (silente 1920 y sonora 1940). Al final, se queda como favorita la versión silente de 1920. Es de interés ofrecer algunos datos de los directores Fred Niblo y Rouben Mamoulian que permitan a los lectores entender más claramente la comparación que de ambos filmes y directores se realiza en nuestro artículo y en el de Kramer, sin olvidarnos de mencionar a Don McDougall, el director de la primera versión televisiva de The Mark of Zorro.

En el blog The Armenian Weekly del 24 de julio del 2017, el autor Tavit Minassian, en el artículo “New Biography Remembers the Life of Rouben Mamoulian” (1897-1987), ofrece información sobre el origen armenio del director, que emigró primero a Inglaterra y luego a Estados Unidos. Entre sus filmes de mayor éxito se cuentan Dr. Jekyll and Mr. Hyde (1931), Love me tonight (1932), Queen Christine (1933), The Mark of Zorro (1940), Blood and Sand (1941), Laura (1944), Silk Stockings (1957), Porgy and Bess (1959) y Cleopatra (1963).

En el blog Find A Grave del 19 de agosto del 2011 se ofrece información biográfica sobre Don McDougall (1917-1991). Guionista y director de televisión. Dirigió numerosos seriales para la televisión como Bonanza, Star Trek: The Original Series, Mission: Impossible, Wonder Woman, etc.

[3] Respecto del origen histórico de Don Diego de la Vega (El Zorro), es de interés leer el artículo “The Legacy of The Fox: A Chronology of Zorro”, escrito por Matthew Baugh en: (pjfarmer.com/worldnewton/Zorro.htm) Al Zorro se le relaciona con la novela La pimpinela escarlata, que también tuvo varias versiones cinematográficas, la más popular es la de 1934, con Leslie Howard y Merle Oberon en los roles protagónicos principales. Igualmente, el Zorro pudo haber tenido un basamento real en las vidas de legendarios bandidos de California que proliferaron en el área en disputa entre España, México y Estados Unidos. Un momento de clímax puede situarse en 1848 con la firma del Tratado Guadalupe-Hidalgo, y otro en 1850’s, con la llamada “fiebre del oro” en California que provocó un éxodo migratorio desde la Unión Americana, Meso y Sudamérica, contándose por miles los mexicanos, chilenos y peruanos que perdieron su identidad nacional al convertirse en semi-esclavos trabajadores de las minas.

Entre los candidatos a la configuración definitiva de El Zorro, se encuentra Joaquín Murieta (1829-1853), controvertida figura a la que se le adjudica la nacionalidad mexicana o la chilena. En Santurzi Historian Zehar, blog de genealogía, heráldica e historia local, se le presenta como a un símbolo de la “resistencia latinoamericana” ante la dominación económica y cultural de los angloparlantes. Es un personaje revestido con una aureola de romanticismo y tragedia. La leyenda acabó por ser ficción en la novela del norteamericano John Rollin Ridge The life and Adventures of Joaquín Murieta (1854) que firmó con el seudónimo Yellow Bird que hacía honor a su ascendencia de indio Cherokee. Murieta también encontró eco en la narración de Pablo Neruda, Fulgor y muerte de Joaquín Murieta (1967) y en la recopilación de canciones Corridos mexicanos de Gilberto Vélez.

Para información sobre Salomón Pico (1821-1860) es de interés leer la edición del día 6 de septiembre de 2005 del diario Santa Maria Times, en el aparece el artículo “When Pico roamed the hills of the Central Coast”, de la autora Shirley Contreras. A Pico, al igual que a Murieta, se le tiene como a una figura legendaria que resistió la invasión de los angloparlantes en la California de 1800. Primo del gobernador Pio Pico, fue considerado en rebeldía contra la ocupación del territorio de la Alta California. Tras haber sido militar se dedicó a administrar propiedades del emporio ganadero King’s Ranch y de las tierras que recibió del gobierno mexicano antes de la firma del Tratado Guadalupe-Hidalgo. En las tierras de su propiedad se descubrió oro y el hallazgo provocó la avaricia de los colonos norteamericanos. Al verse asediado económica, política y racialmente, la figura real de Pico adquiere los contornos de la figura imaginaria de El Zorro. De día, lleva una vida dual, es un ranchero más como los cientos que en California cuidan de su hacienda, pero en las noches se transforma en un vengador errante que impone la justicia en el conflicto entre explotadores y desposeídos de forma personal.

En el blog Legends of America. Old West Legends a Tiburcio Vázquez (California Desperado) (1835-1875), se le supone nacimiento en Monterey, Alta California, cuando formaba parte de la República de México. Pretendía regresar California a México. Según se le mire a favor o en contra, su condición de bandido se colmará de atributos positivos o negativos. Entre los primeros, la popularidad entre los mexicoamericanos por el físico de buen ver, su ilustración, lector de novelas románticas, escritor de poesías, tocador de guitarra y amante de muchas mujeres. Estando preso, en espera de la sentencia a muerte, firmaba autógrafos a los que visitaban su celda y se dejaba fotografiar. Las fotos eran vendidas a través de los barrotes de la celda carcelaria, con el dinero obtenido, se costeó la defensa legal. Entre los atributos negativos, los tormentos a los cuales sometía a los enemigos prisioneros, como era maniatar las manos a la espalda, hincarlos de rodillas sobre la tierra calcinada por el sol y encajarle el rostro en el polvo.

[4] Isabel Allende (Chile, 1942) reside en Estados Unidos después del golpe de estado de 1973. Como escritora se le asocia con la novelística del Realismo mágico, de gran popularidad a partir de la publicación de relatos y novelas del colombiano Gabriel García Márquez (Premio Nobel de Literatura 1982). Algunas de sus novelas han sido llevadas al cine: La casa de los espíritus (1982) y De amor y de sombra (1985). La novela El Zorro: comienza la leyenda se publicó por Harper Collins en 2005. Contiene numerosas referencias intertextuales a relatos sobre el Zorro anteriores al de Allende, pero que narran hechos que cronológicamente ocurrieron después. La novela se divide en seis partes que siguen un zigzagueante a la vez que riguroso recorrido espacio y temporal del Zorro de medio siglo por Europa y América. Parte Primera (California, 1790-1810); Parte Segunda (España, 1810-1812); Parte Tercera (España, 1812-1814); Parte Cuarta (España, fines de 1814 principio de 1815); Parte Quinta (Alta California, 1815) y Parte Sexta (Epílogo, Alta California, 1840).

[5] En una entrevista publicada en la Sección de Cultura del periódico mexicano La Jornada del lunes 25 de febrero de 2013, la periodista Ericka Montaño Garfias, reproduce el diálogo con la historiadora mexicana Andrea Martínez Baracs, a propósito del libro de ensayo Don Guillén de Lampart. Hijo de sus hazañas, publicado por la Editorial Fondo de Cultura Económica. La autora revela información insólita e inédita sobre un personaje apodado El Zorro, de origen irlandés, que llegó al Virreinato de Nueva España hacia 1640, como espía al servicio del Conde Duque de Olivares con el objetivo de ayudar a los judíos sojuzgados por la Inquisición. De Lampart planteó muy tempranamente el ideario del Siglo de las luces como la independencia de las colonias de América de España, la eliminación de las castas entre los indios, el fin de la esclavitud entre los negros y la tolerancia hacia religiones distintas a la católica como la de los judíos. Fue prisionero de la Inquisición por diecisiete años. Siendo erudito y poeta, en prisión escribió en latín cientos de versos. Finalmente, fue condenado a morir en la hoguera y sobre él pesaban cargos de herejía, blasfemia y apostasía. Esta revisión –reivindicación– contemporánea de la figura de Guillén de Lampart se da de bruces con la realizada en el siglo XIX por el también historiador mexicano Vicente Riva Palacio, quien escribió una novela histórica que ponía en duda la autenticidad del personaje que se escondía detrás Guillén de Lampart. El título de la novela de Riva Palacio es ilustrativo de la poca consideración hacia el futuro modelo icónico de El Zorro: Memorias de un impostor. Guillén de Lampart, rey de México.

[6] En el blog Biografías y Vidas (2004-2017), se ofrece la de George Sand (1804-1876). Escritora francesa, bien conocida por su literatura y amores con artistas de la época como el músico Chopin y los escritores Merimée y Muset. En la novela de Allende se presenta a Sand como una joven que tiene amores con Diego de la Vega (El Zorro) durante su estancia en Europa.

En el blog Famous Pirates (2017) se ofrecen detalles de la vida de Jean Lafitte (1780-1854). Así como también en el blog Historia Obscura, la autora Pam Keyes, ofrece información sobre el famoso pirata del Golfo de México a propósito de cumplirse el Bicentenario del Jean Lafitte’s Takeover of Galveston, el 7 de abril de 2017. De probable origen franco-haitiano, algunos biógrafos estiman que murió treinta años antes, hacia 1826. Ha sido el reciente hallazgo de un diario que escribió en la década de 1840’s el que supuestamente prolonga su existencia. Su figura, como ocurre con las de los “bandidos” californianos mencionados anteriormente, tan pronto arroja luces como sombras. Entre las primeras, puso su pericia de pirata de los siete mares –junto a su hermano Pierre– al servicio de la independencia de América del colonialismo europeo en auxilio militar de las recién surgidas repúblicas de Colombia y México. Y también de los norteamericanos recién independizados cuando Inglaterra trató de (re) conquistar territorios de la Unión Americana en la batalla de New Orleans (1815). Entre las segundas, haber sido un temible traficante de esclavos en El Caribe y el Golfo de México con asentamiento exclusivo en los pantanos (“bayous”) de la Louisiana en una isla privada llamada “Reino de Barataria” adonde acudían en legión los dueños de ingenios y plantaciones azucareras del Caribe y los estados esclavistas del sur de Estados Unidos a comprar a los esclavos hechos prisioneros por los hermanos Lafitte. Singularmente, al final de su vida, retirado de la piratería, se le relaciona con preocupaciones sociales y de reforma de las sociedades capitalistas europeas. Actualmente se debate si fue cierto o no que la primera edición del “Manifiesto Comunista”, publicado en 1848, fue financiada por Jean Lafitte mediante depósito bancario en Bruselas, después de haber coincidido en persona e ideas con Carlos Marx. En la novela de Isabel Allende, Lafitte hace prisionero a Diego de La Vega (El Zorro) y a sus acompañantes. Los lleva al “Reino de Barataria”, donde se convierte primero en amante y luego en esposo de Juliana, que antes había sido novia de Diego.

En el blog Narradores del misterio del 23 de febrero del 2005, el autor Fran González ofrece una valiosa información sobre la célebre Marie Laveau (1801-1881), conocida como la “Reina del vudú de New Orleans”. Las crónicas hablan de su enorme poder y popularidad. Políticos, abogados, hombres de negocios y propietarios de plantaciones, antes de tomar una decisión financiera, requerían los servicios de adivina de la sacerdotisa del vudú. Gran parte de la influencia sobre la alta sociedad de New Orleans la lograba por el conocimiento que tenía de las vidas privadas de sus clientes a través de un “bien montado” sistema de espionaje privado que tenía como base su oficio de “peinadora”. El acceso a las casas permitía enterarse de chismes y rumores en circulación por la ciudad, como también ocurría con la frecuentación de los ricos a un burdel de su propiedad. En la novela de Isabel Allende, Marie Laveau aparece brevemente junto a Diego de La Vega (El Zorro), que está prisionero en el “Reino de Barataria” del pirata Lafitte. Allí, cumple funciones de “curandera” y trata de aliviar el mal que sufre Catherine Villards, la esposa de Jean Lafitte. Al morir Catherine, Marie Laveau cambia el rol de “curandera” por el de “médium” e interpreta el último deseo de Catherine al expirar como favorable a que Juliana la releve en el rol de esposa del pirata Jean Lafitte.

[7] En el blog Biography del 25 de julio del 2017, se ofrece información del actor Douglas Fairbanks (1883-1939). Hacia 1920, cuando filma The Mark of Zorro, ya había completado unos treinta filmes. Su fama mayor se produce cuando se inserta como actor principal en filmes de aventuras. Se casó con la actriz Mary Pickford y ambos, en 1927, plantaron las huellas de sus manos y pies en la acera de los famosos del Chinese Theatre de Hollywood. En 1929, tuvo el honor de ser el primer presentador de los Premios Oscar de la Academia de Hollywood.

En el blog Find a Grave del 1 de enero del 2017, se ofrecen datos biográficos de Tyrone Power (1914-1958). Entre las décadas de 1930’s a 1950’s apareció en docenas de filmes y llegó a ser uno de los galanes más cotizados de Hollywood. Entre sus filmes de mayor éxito se cuentan The Mark of Zorro, Blood and Sand y The Black Swan.

[8] La actriz que interpreta el rol de Lolita Pulido en la primera versión de The Mark of Zorro de Fred Niblo es Margueritte De La Motte.

[9] En el blog de la periodista española Marina Casado, de fecha 13 de noviembre de 2014, aparece el artículo “El olvido de Guy Williams”, el actor que tuvo el rol protagónico en la serie realizada en 1957 por los estudios de Walt Disney. Aunque de nombre artístico norteamericano, Williams en realidad era hijo de inmigrantes sicilianos en New York, ciudad en la que nació como Armando Catalano, el 14 de enero de 1924. La serie en la que participó como actor contó de 78 episodios y fue la más costosa producida en los años 1950’s. Solo la primera mitad (39 episodios) costaron tres millones, ciento noventa y ocho mil dólares.

[10] En el blog decine21 del 27 de enero del 2009, la autora Estrella Martínez, ofrece datos sobre el actor Frank Languella (1938). Debutó en el cine en 1970, y con el tiempo devino uno de los mejores actores en roles secundarios. Entre sus filmes más conocidos: Drácula (1979); 1492: La conquista del paraíso (1992); Lolita (1997); Superman Returns (2006) y Frost/Nixon (2008).

[11] En el blog Biografías.wiki del 14 de abril del 2015, se ofrece información sobre Antonio Banderas (1960), el más popular de los actores latinos radicados en Hollywood con más de 70 filmes realizados. Ha sido nominado para los premios Globo de Oro, Tony y Emmy. Ha trabajado con directores de fama como Pedro Almodóvar, Robert Rodríguez y Brian de Palma. Entre sus filmes más conocidos: Tie me up, Tie me down (1990); Mambo Kings (1992); Of Love and Shadows (1994), Evita (1996) y Frida (2002).

[12] En el artículo “Alain Delon: la gloria, el carisma y la soledad”, del periodista Claude Casteran, publicado en el diario El Nuevo Herald del 2 de noviembre del 2015, se ofrece información sobre Alain Delon (1935), el gran ícono del cine francés y europeo. Se le considera el relevo de los grandes superstars del cine francés Gerard Philipe y Jean Marais. Ha intervenido como actor en unos 50 filmes. Entre los principales: A pleno sol (1959); La piscina (1969); Borsalino (1970), Mr. Klein (1976).

[13] En el blog decine21 del 27 de enero del 2009, el autor Juan Luis Sánchez, se refiere al actor mexicoamericano Edwards J. Olmos (1947), que prolonga la tradición de emplear a actores de origen latino en los roles protagónicos de El Zorro o de otros famosos bandidos. El filme The Ballad of Gregorio Cortez (1982), dirigido por Robert M. Young y producido por Moctezuma Esparza, cuenta una historia de discriminación étnica y lingüística en Texas (1901) que terminó en una condena en prisión de cincuenta años para el acusado. Gregorio Cortez deviene bandido porque el que traduce sus palabras al sheriff que lo persigue no distingue entre horse (caballo) y mare (yegua). El sheriff investiga un robo de caballos, mata al hermano de Cortez y este al sheriff, al huir, se convierte para siempre en fugitivo de la justicia angloparlante. El rol de Gregorio Cortez estuvo a cargo de Edward James Olmos.