De “noche interior, noche ciudad”

réquiem

a los enfermos de sida, a mayda

la antigua soledad saltaba los muros.

rodeada sólo de paisaje

entregaba su carga a la naturaleza. si sobre la tierra,

en la mañana, pongo el pie descalzo, esa primera sensación

es la muerte?

recuerdo que cada cierto tiempo un pájaro cantaba para mí,

un pájaro oculto.

he visto el milagro de cada minuto, el puro milagro

de la despedida.

quienes se acercan no tocan mi límite de espinas

presienten que para ellos –también para ellos–

todo es cuestión de tiempo.

calma contemplar las fotos.

allí se es eterno. otra fecha, un rostro donde ocultarse.

en la piel de papel el tiempo lame, inofensivo can

doméstico esta vez, y añorado, que sumerge

la gota de aquel día en el lago amarillo de eventos irreales, ya escapados.

soñé ser bailarina.

tener el cuerpo frágil deseando el cielo, transformarse

en río. gira, gira, vuela y regresa,

breve espiga enraizada que anida sueños suyos en la altura

y en alas tórnanse, y una y otra vez aliento preso, salto

y silencio. quedarse por siempre así, figura leve,

dueña de la luna,

es la muerte?

es posible olvidar?

superponer oscuridades químicas en exacta proporción

para el estremecimiento –para sentir la carne–,

viajar al cielo y al infierno

como quien visita a su vecino, lamernos las heridas

como animales dóciles,

el tibio acercamiento

es la muerte?

mirando el pez con un solo ojo pude

abarcarlo, pude abrazar

y la casa se inclinó.

vino hacia mí un árbol y no un pájaro muerto.

en el aire las esferas en silencio, declinadas,

en la palma de mi mano todo prometía. mi cráneo

sostenido por alguien que mira enamorado

el doble túnel,

preguntándose el color de unos ojos ya filtrados, añadidos

a la tierra ciega y real. acto filosófico, heineken, meditación,

violín de megatones, pink floyd.

esta irrealidad que se acomoda es la muerte?

después del sueño despertamos?

dentro de una pecera cuerpos espectrales y acuosos,

inmóviles máscaras miran sin verme.   tampoco

encuentro mis ojos,

otra soy siempre. separada de mí, contemplo.

no resurge el ave fénix tatuada en el muslo.

abundante de colores, vestida como si

una fiesta me esperase. de qué sirve. de qué sirve.

con qué hierba o ritual escapo, qué brebaje detiene

el deterioro. y quién toca mi rostro, quién. oh dios,

hasta entonces te culpo, hasta ver una lágrima en tu ojo.

pero ahora, quién espera por mí ahora.

cuando me extendía tratando de tocar el aire

y la punta del seno se levantaba

geométricamente al centro de todo,

los pájaros comían en mi mano, y los hombres y mujeres

venían a admirar el paisaje por las ventanas de mi cuerpo.

pero ahora, quién espera por mí ahora.

en la delicadeza de las almas la antigua soledad

hace gestos asimétricos, tristes como voz que clama lejos.

pero

si me vuelvo no aparece nadie, sólo una luna cansada

y enorme, nocturno ojo de teniente o de enfermera, ojo

que puede ser terrible, tangencial o triste

pero que noche a noche me visita, penetrando, interrogando siempre,

enmudecido:

qué es la muerte?, qué es la muerte?

to live is to die.
Metallica