De “noche interior, noche ciudad”

el lamento de marino fenicio

lo vivido,

dónde sin nosotros se marchita,

dónde vierte el aliento que le dimos, nos abandona dónde.

oscuro y frío marcha al silencio entre los astros,

al libro nunca abierto de dios.

lo vivido,

cómo atraparlo y escapar del círculo

y estirar los extremos como quien sube la escala.

he muerto,

mi cuerpo es una barca blanca en el río

a la deriva hacia algún sitio que desconozco,

y no sé si realmente estoy viajando,

no sé si realmente estuve.

en la memoria de quién está lo vivido,

minucioso y exacto, los mismos ante el mismo ademán,

volver a la misma doncella y a la misma jarra de cerveza.

doloroso ver tras el cristal, oír el viento afuera,

sentir la permanencia en el camino intransitado,

en el minuto fuera del tiempo.

quién acaricia lo vivido, quién por nosotros le salva,

quién se detiene por nosotros y le alcanza

y le lleva consigo, acunándole, de regreso

al funeral de todos.