El reposo del guerrero

En el mar, distinguí el velero del farol rojo en la punta que, como cada noche, recorría el litoral de las playas del este, de timonel y capitán, el hijo de puta de Peñalosa.

Aun cansado, leeré otro de los capítulos de la novela matemático-literaria que escribió, continuaré con la evaluación del caso Mona Lisa.

El capi dijo que el asunto venía de arriba, ¿el mando le estraá dando cordel a Tito para que atraiga a la exposición a diplomáticos, periodistas, pintores y disidentes?

A la luz de la luna, garabateé las notas de un informe que entregaría al día siguiente.

 

Si mis apreciaciones son ciertas, ruego me permita seguir en el caso Mona Lisa hasta su culminación, que dará por resultado el conocimiento de los nuevos métodos de actuación del enemigo y el desmantelamiento de las redes de subversión ideológica creadas en el seno de la sociedad socialista cubana.

Ole

 

Arranqué la hoja, la depositaría en el buzón secreto, guardé el cuaderno en la gaveta, al lado del cuaderno, la razón que restaba horas de reposo a mis sueños, el manuscrito de la novela matemático-literaria El escritor+–El policía=El yogui+_El comisario.

Pura y Dulce dormían, me fui a la terraza, me acomodé en la mecedora de mimbre, esperé a que el velero del farol rojo navegara frente al balcón, coloqué el manuscrito frente a mis ojos. A una milla de distancia, Peñalosa, a través de los binoculares, vería como leía la novela inédita.