Heredia y yo

HEREDIA Y YO

 

Yo también he sido un desterrado.

No me convida nada,

ni las perdidas olas

ni las sirenas que vuelven y desnudan

la sombra de tantos peregrinos.

 

No puedo ser la imagen

que en silencio se compadece

del dolor ajeno.

No soporto más

este letargo.

Miro mis ojos pobrísimos

dormirse mientras las calles

permanecen vacías.

 

Tú dejaste el odio

cuando elegiste ser el Niágara infinito,

cuando en las tierras,

extrañas como luces,

sentiste que Dios

borraba tu silencio.

Sólo me duele ver

las aves que se marchan,

 

el cielo gris

y un mar distante que nos une.

 

Es duro que nadie nos comprenda

y seamos dos hombres

vencidos por la soledad.

Es duro esgrimir un arma

cuando la fe

es una patria sin retorno,

cuando las voces

no nos buscan

y el salitre

tiende a confundirnos.

Nunca esperé los pájaros,

nunca puse mis sueños

en un cristal de ausencias.

Por eso estoy de espaldas a la isla

con el orgullo ciego de un rapsoda

que espera ser el mar

que nunca vuelve.