EL HOMBRE QUE MATÓ A LIBERTY VALANCE

Hay cosas que parecen sencillas, y no lo son. Clavar en una pared, por ejemplo. Quizás usted lo intente y lo consiga a la primera, pero no es lo que suele suceder. Requiere práctica para que no se termine machacando el pulgar, perdiendo el clavo, rompiendo el martillo. Que esas cosas pasan. O hacer que una carta llegue a su destinatario. Porque se suele creer que basta con ponerla en un sobre, pegarle el sello y echarla en un buzón. Pero es mucho más complejo. Piense, si no, en las vueltas que debe dar ese sobre hasta llegar a su destino. Y si lo consigue, si llega adonde se pretendía, hay que considerarse moderadamente afortunado. Todos los involucrados tienen que hacer justamente lo que se espera de ellos: la coloquen en la casilla correcta, la bolsa correcta… Conocí a un hombre que había sido cartero. Lo fue durante tres meses. Cada día buscaba la bolsa de cartas, iba hasta un […]

Confesiones y yerros

Confieso, y creo no errar en mi confesión, que buena parte de mis éxitos mercantiles los debo a mi pueblo cordobés, que me dio ese espíritu inconformista, esa voluntad de llegar. Pero de llegar el primero, porque aunque luego en mi lucha (y poniendo en ello mi más denodado empeño y el mayor esfuerzo) fuese superado por algún otro, quizá para que sacase consecuencias aleccionadoras y volviese a empezar, siempre vale la pena proponerse la inquietud y espíritu de competición necesarios para la superación de los objetivos y para la mejora de las conductas. Solo con ese espíritu, que debes marcarte en la vida, podrás llegar a alguna de las metas que te propusiste. Pero para ello debemos poseer agallas, voluntad, coraje, arrestos y sangre, y esto lo suele dar la genética que heredamos de la familia y de los pueblos. Y reitero que ese espíritu que me asiste hasta en los sueños lo heredé de mi pueblo, ese Montalbán […]

Presentación

El principio general de los materiales que se presentan aquí es la convicción de que los métodos de análisis se desprenden de las teorías, y por eso mismo los modelos de análisis pueden ser estudiados en su dimensión teórica. Teoría y análisis son las dos caras de la misma moneda. El volumen se inicia con tres modelos para el análisis de la experiencia de ver cine. El objetivo del análisis cinematográfico es conocer durante la proyección los mecanismos utilizados para la construcción del espectador implícito con las herramientas del lenguaje cinematográfico (imagen, sonido, montaje, puesta en escena y narración). Por eso, el primer trabajo muestra la articulación entre las preguntas que todo espectador se hace antes, durante y después de ver una película, y cómo las distintas teorías del cine responden estas preguntas. Enseguida se presenta un modelo para el análisis del elemento determinante de la experiencia del espectador de cine, que es la perspectiva de la cámara, que lo […]

Convencer desde la emoción

En La camarera del Titanic, Horty, un joven obrero que ha asistido a la salida del conocido e infausto trasatlántico, regresa a su pueblo en Figueres, contando a sus compañeros de trabajo un affaire de amor con una bella camarera que se llama Marie la noche del 9 de abril de 1912. La historia de Horty no es cierta, es ficción, pura invención, mentira, relato ficcional que cobra existencia propia hasta superar sus expectativas, tanto que ante las consecuencias en su propia vida y la de sus conocidos, se ve obligado a reconocer la farsa. Pero algo inexplicable sucede. Por un motivo que, en principio, no alcanzamos a entender, nadie quiere que Horty deje de contar la mentira; ni sus compañeros de fundición, quienes gracias a la ficción acceden a otra historia que les gustaría vivir, ni sus mujeres, que encuentran a sus esposos más dispuestos a satisfacerlas, ni la mujer de Horty, que ve una entrada de dinero suplementaria […]

El velero atravesaba la tempestad

El velero atravesaba la tempestad como disparado por un arco gigante, firme, agujereando las olas. El mar bravo levantaba ruidosos saltos de agua que caían sobre la cubierta y la niebla hacía más impracticable una navegación confusa y hostil. El barco avanzaba entre las brumas, persiguiendo otro velero que le ganaba distancia. Un joven caminaba con torpe decisión hacia la proa. Entrecerraba los ojos para evitar las punzadas de agua que caían sobre su cara y arrugaba su nariz. Buscaba a tientas algo a lo que asirse para avanzar, tropezó de cara hacia las tablas y se arrastró a gatas hasta el extremo del barco. Se aferró a la madera con las manos y levantó su cuerpo para tratar de avistar al otro barco. Nada. Sólo los sonidos fantasmales y agudos del viento que lo acosaban. Los truenos habían quedado atrás con las nubes de la tormenta, y metidos de lleno en la niebla tan solo acertaba a ver banco tras banco desplazándose hacia él, mojándole la cara. Sentía en los brazos la angustia de un remero exhausto; habría gritado y jurado si eso le hiciera ir más rápido. Apretaba los dientes con rabia y se sujetaba con fuerza a sí mismo hasta hacerse daño en las palmas de las manos. Levantó la cabeza y entre la bruma la vio haciendo señales desesperadas con los brazos, reclamando su atención, cautiva, pidiendo auxilio. Sabía que era ella aunque no apreciara más que una sombra blanca y los volantes agitados de un vestido. Adivinaba su boca abierta, lanzando voces que no podía escuchar. Él trataba de gritar hasta desgarrarse la garganta de dolor, y lo estuvo intentando hasta que perdió todo rastro de aquello que perseguía con tanta ansia. Ella se le había vuelto a escapar.