El velero atravesaba la tempestad

El velero atravesaba la tempestad como disparado por un arco gigante, firme, agujereando las olas. El mar bravo levantaba ruidosos saltos de agua que caían sobre la cubierta y la niebla hacía más impracticable una navegación confusa y hostil. El barco avanzaba entre las brumas, persiguiendo otro velero que le ganaba distancia. Un joven caminaba con torpe decisión hacia la proa. Entrecerraba los ojos para evitar las punzadas de agua que caían sobre su cara y arrugaba su nariz. Buscaba a tientas algo a lo que asirse para avanzar, tropezó de cara hacia las tablas y se arrastró a gatas hasta el extremo del barco. Se aferró a la madera con las manos y levantó su cuerpo para tratar de avistar al otro barco. Nada. Sólo los sonidos fantasmales y agudos del viento que lo acosaban. Los truenos habían quedado atrás con las nubes de la tormenta, y metidos de lleno en la niebla tan solo acertaba a ver banco tras banco desplazándose hacia él, mojándole la cara. Sentía en los brazos la angustia de un remero exhausto; habría gritado y jurado si eso le hiciera ir más rápido. Apretaba los dientes con rabia y se sujetaba con fuerza a sí mismo hasta hacerse daño en las palmas de las manos. Levantó la cabeza y entre la bruma la vio haciendo señales desesperadas con los brazos, reclamando su atención, cautiva, pidiendo auxilio. Sabía que era ella aunque no apreciara más que una sombra blanca y los volantes agitados de un vestido. Adivinaba su boca abierta, lanzando voces que no podía escuchar. Él trataba de gritar hasta desgarrarse la garganta de dolor, y lo estuvo intentando hasta que perdió todo rastro de aquello que perseguía con tanta ansia. Ella se le había vuelto a escapar.

Prólogo y receta

Prólogo

La cocina me lo ha dado todo, me tomó de la mano con apenas 6 años, mostrándome los colores rojos del café maduro, los dorados cobrizos del cacao, los olores intensos a fruta madura y a flores que se desprendían cuando tiraba de ellos con los primeros rayos de sol, el sabor y la frescura de mi primera ensalada de aguacate con cebollitas nuevas, sazonadas con limón y cilantro o mi querido arroz con leche sin azúcar perfumado con una hoja de naranja amarga y una pisca de sal.

Prefacio a la edición

Para ese héroe de la independencia de Cuba y América Latina que fue José Martí (1853-1895), la descolonización del subcontinente americano no se reducía sólo a un hecho político, la conquista de la soberanía en el marco de un nuevo Estado-nación. Entendía Martí que la descolonización política es inseparable de la descolonización económica, y que estas dos formas de descolonización suponen la construcción de un nuevo imaginario nacional y, por ende, una cierta política de la diversidad cultural y étnica. Por ello, los escritos de Martí que abordan de manera más o menos explícita y sistemática temas relacionados con la identidad cultural, nacional y latinoamericana, no son textos secundarios en su obra. Tanto su proyecto independentista frente a España como la defensa de “Nuestra América” amenazada por el nuevo hegemonismo de los Estados Unidos en la región, se sustentan en el reconocimiento de la especificidad de la conciencia latinoamericana del mundo y en una cierta afirmación del valor de la diversidad étnica en América.

Nota del autor a la edición

En el mundo de los negocios y de las grandes corporaciones transnacionales, imponer la marca de un producto como canon en el mercado, lleva tiempo y mucho dinero invertido en la publicidad. No obstante, los nombres de algunos productos manufacturados, con ligeros cambios de pronunciación, son de obligada referencia oral de los consumidores en cualquiera de las seis mil lenguas que se hablan en el mundo. En un bar de New York, en un restaurante de Beijing, en un colmao de Madrid o en un bazar del África Oriental, se dice Coca Cola en inglés, chino, español o suajili y no hay nada más que agregar: es “la pausa que refresca”.